HACIA LA
CONSTRUCCIÓN DE UNA CULTURA DE PAZ, UNA SOCIEDAD MÁS HUMANA
El ser humano es uno solo en toda la
extensión de su palabra, así como el planeta Tierra en que vivimos es uno solo;
y todas las criaturas que lo habitan buscamos la sobrevivencia: negro, blanco,
mestizo, cholo, indio, chino, japonés, gringo, de ojos azules, ojos verdes,
ojos negros, ojos cafés, ojos rasgados, ojos pintados; nacemos, crecemos, nos desarrollamos,
nos reproducimos, pensamos, tenemos expectativas, nos comunicamos, sentimos
afectos, alegría, tristeza.
Descendientes de Neanderthal, descendientes
de aborígenes australianos, descendientes del homo sapiens; evolucionados, o
productos de una creación, somos una sola especie con varios matices, somos
seres humanos. Si nos hacen cosquillas reímos, ante una pérdida sentimos
tristeza, nos deprimimos, lloramos; nos alegramos ante las buenas noticias;
somos seres humanos en toda la extensión de la palabra.
Todos buscamos la sobrevivencia en este
planeta, todos nos necesitamos y nadie es superior a otro ser humano, nadie es
más que otro, la superioridad en todos los aspectos no existe ni física, ni
psicológica, ni intelectual ni social.
Los que tenemos la experiencia de ser padres,
sabemos que el niño o niña durante sus primeros años de vida no establece
diferencias con otro de su misma edad, le interesa la relación con el otro, no
le interesa si el otro es de diferente raza, religión, cultura, si es macho o
hembra; se encuentra interesado en jugar y establecer nuevos vínculos. Son los
adultos, los padres, los tíos y demás familiares los que le van imponiendo
normas y reglas de convivencia, transmitiendo sus costumbres, sus creencias,
valores, la forma de hacer las cosas; y es lo que el niño(a) va aprendiendo,
que todo lo que hacen sus padres es “lo normal”.
El desarrollo de toda sociedad se fundamenta
en la paz y seguridad; la
muerte violenta no es nada más que el corolario de una cadena de sucesos de venganza
como producto de heridas abiertas que cicatrizan, pero nunca se cierran
mediados por una serie de estereotipos de superioridad que culturalmente son
transmitidos de padres a hijos, donde cada quien cree sentirse más superior al
otro, que cree que tiene el poder de lastimar, discriminar, humillar,
intimidar, dominar y hasta de arrebatarle la vida.
Una paz duradera puede lograrse:
1. Cuando
todos los derechos humanos se cumplan.
2. Cuando
el ser humano tenga un alto grado de conciencia del daño, dolor y sufrimiento
que causa a otros seres humanos.
3. Cuando
la educación a través de la familia, padres, instituciones educativas,
organizaciones, empresas públicas y privadas, logren desterrar estereotipos de
superioridad; que tanto padres y maestros sean congruentes entre lo que dicen y
lo que hacen.
4. Cuando
el ser humano decida resolver sus conflictos internos y controlar sus impulsos
que lo inducen a ser una persona violenta.
Esto implica un proceso gradual que involucre
el desaprender los estereotipos de superioridad, que conlleven la evolución de
una conciencia de superioridad a una conciencia social de igualdad entre los
seres humanos, construir una sociedad basada en el amor y en los valores
humanos; proceso que no sería factible sin una educación que transmita bases
sólidas de una nueva cultura de paz, valores humanos y estereotipos de
igualdad.
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