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lunes, 17 de marzo de 2025

 

HACIA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA CULTURA DE PAZ, UNA SOCIEDAD MÁS HUMANA

 

 

El ser humano es uno solo en toda la extensión de su palabra, así como el planeta Tierra en que vivimos es uno solo; y todas las criaturas que lo habitan buscamos la sobrevivencia: negro, blanco, mestizo, cholo, indio, chino, japonés, gringo, de ojos azules, ojos verdes, ojos negros, ojos cafés, ojos rasgados, ojos pintados; nacemos, crecemos, nos desarrollamos, nos reproducimos, pensamos, tenemos expectativas, nos comunicamos, sentimos afectos, alegría, tristeza.

Descendientes de Neanderthal, descendientes de aborígenes australianos, descendientes del homo sapiens; evolucionados, o productos de una creación, somos una sola especie con varios matices, somos seres humanos. Si nos hacen cosquillas reímos, ante una pérdida sentimos tristeza, nos deprimimos, lloramos; nos alegramos ante las buenas noticias; somos seres humanos en toda la extensión de la palabra.

Todos buscamos la sobrevivencia en este planeta, todos nos necesitamos y nadie es superior a otro ser humano, nadie es más que otro, la superioridad en todos los aspectos no existe ni física, ni psicológica, ni intelectual ni social.

Los que tenemos la experiencia de ser padres, sabemos que el niño o niña durante sus primeros años de vida no establece diferencias con otro de su misma edad, le interesa la relación con el otro, no le interesa si el otro es de diferente raza, religión, cultura, si es macho o hembra; se encuentra interesado en jugar y establecer nuevos vínculos. Son los adultos, los padres, los tíos y demás familiares los que le van imponiendo normas y reglas de convivencia, transmitiendo sus costumbres, sus creencias, valores, la forma de hacer las cosas; y es lo que el niño(a) va aprendiendo, que todo lo que hacen sus padres es “lo normal”.

El desarrollo de toda sociedad se fundamenta en la paz y seguridad; la muerte violenta no es nada más que el corolario de una cadena de sucesos de venganza como producto de heridas abiertas que cicatrizan, pero nunca se cierran mediados por una serie de estereotipos de superioridad que culturalmente son transmitidos de padres a hijos, donde cada quien cree sentirse más superior al otro, que cree que tiene el poder de lastimar, discriminar, humillar, intimidar, dominar y hasta de arrebatarle la vida.

Una paz duradera puede lograrse:

1.  Cuando todos los derechos humanos se cumplan.

2.  Cuando el ser humano tenga un alto grado de conciencia del daño, dolor y sufrimiento que causa a otros seres humanos.

3. Cuando la educación a través de la familia, padres, instituciones educativas, organizaciones, empresas públicas y privadas, logren desterrar estereotipos de superioridad; que tanto padres y maestros sean congruentes entre lo que dicen y lo que hacen.

4.  Cuando el ser humano decida resolver sus conflictos internos y controlar sus impulsos que lo inducen a ser una persona violenta.

Esto implica un proceso gradual que involucre el desaprender los estereotipos de superioridad, que conlleven la evolución de una conciencia de superioridad a una conciencia social de igualdad entre los seres humanos, construir una sociedad basada en el amor y en los valores humanos; proceso que no sería factible sin una educación que transmita bases sólidas de una nueva cultura de paz, valores humanos y estereotipos de igualdad. 


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miércoles, 12 de marzo de 2025

 

LA VIOLENCIA, UNA HERENCIA CULTURAL

 Los seres humanos que habitamos este planeta, hemos sido testigos de  la violencia brutal y despiadada que le ha caracterizado a través de su historia y a lo largo de los siglos.

Una historia plagada de crímenes y muertes es nuestra herencia cultural desde la antigüedad; por un lado, de venganza, odio, necesidad de poder, ambición, afanes expansionistas, discriminación, crímenes en nombre de Dios; mientras que, por otro, encontramos rebeliones, reacciones a las desigualdades económicas y marginación social, rebeliones que han conducido a represiones brutales y conflictos armados.

La escritora ecuatoriana Aminta Buenaño, referida por Mariella Toranzos en uno de sus artículos publicados en un prestigioso Diario de mi país Ecuador, el 25 de septiembre de 2022, expresa: “…esta tierra de vanidades y odios, donde la gente se devora unos a otros como fieras por un trozo de dinero y poder, y se piensan inmortales y se atacan vorazmente con despiadada saña e infinita maldad…”

La raíz de la violencia no se encuentra en los genes del ser humano, no tiene origen biológico; ningún ser humano nace violento. La violencia es una construcción social del ser humano que aparece de un sentimiento por sentirse superior, y de descalificar a los demás seres humanos; es producto de una herencia cultural.

La violencia como producto de nuestra cultura, lo ratifica el “Manifiesto de Sevilla” de 1986: “La violencia es un fenómeno específicamente humano, producto de la cultura”; en otra de sus proposiciones dice “La violencia no se hereda genéticamente, sino que responde a factores contextuales del entorno social y ecológico”.

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