LA VIOLENCIA, UNA HERENCIA CULTURAL
Una historia plagada de crímenes y
muertes es nuestra herencia cultural desde la antigüedad; por un lado, de
venganza, odio, necesidad de poder, ambición, afanes expansionistas,
discriminación, crímenes en nombre de Dios; mientras que, por otro, encontramos
rebeliones, reacciones a las desigualdades económicas y marginación social,
rebeliones que han conducido a represiones brutales y conflictos armados.
La escritora ecuatoriana Aminta
Buenaño, referida por Mariella Toranzos en uno de sus artículos publicados en
un prestigioso Diario de mi país Ecuador, el 25 de septiembre de 2022, expresa:
“…esta tierra de vanidades y odios, donde la gente se devora unos a otros como
fieras por un trozo de dinero y poder, y se piensan inmortales y se atacan
vorazmente con despiadada saña e infinita maldad…”
La raíz de la violencia no se encuentra en los genes del ser humano, no
tiene origen biológico; ningún ser humano nace violento. La violencia es una
construcción social del ser humano que aparece de un sentimiento por sentirse
superior, y de descalificar a los demás seres humanos; es producto de una
herencia cultural.
La violencia como producto de nuestra cultura, lo ratifica el
“Manifiesto de Sevilla” de 1986: “La violencia es un fenómeno específicamente
humano, producto de la cultura”; en otra de sus proposiciones dice “La
violencia no se hereda genéticamente, sino que responde a factores contextuales
del entorno social y ecológico”.
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