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miércoles, 9 de octubre de 2024

 

UN MUNDO DE VIOLENCIA SIN LÍMITE

 

Definir la violencia ha sido objeto de muchas discusiones y enfoques multidisciplinarios por parte de sociólogos, historiadores, politólogos, filósofos, psicólogos y juristas; que en lo que si están de acuerdo es en el uso de la fuerza como mecanismo de solución de conflictos.

Según la Organización Mundial de la Salud define a la violencia como

“el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones”.

El uso deliberado de la fuerza o los actos que son el resultado de una relación de poder, incluye las amenazas e intimidaciones.

La violencia es un acto descalificatorio de un ser humano hacia otro, y que mediante el uso de la fuerza se maltrata, se agrede física, verbal, sexual, o que psicológicamente afecte a una persona, grupo de personas o al estado; y protagonizada por un individuo, un grupo o el mismo estado, con el objeto de imponer su propia voluntad e intereses y lograr un determinado objetivo en la víctima que es quien recibe el acto violento.

Existen diferentes formas manifiestas de violencia, desde las innumerables guerras expansionistas y de conquista de territorios, guerras de independencia, guerras revolucionarias, guerras religiosas, terrorismo, genocidios, esclavitud, violencia de género, crímenes por celos, crímenes por venganza, crímenes por traición, crímenes en nombre de Dios, crímenes en nombre del amor, intimidaciones, extorsiones, burlas, peleas entre amigos y compañeros, humillaciones, ironía y maltrato en general.

El carácter de la violencia social tiene sus primeros signos en la violencia interpersonal, en el carácter violento de la persona y en la dificultad para controlar su ira y su frustración.

Se evidencia huellas de violencia en la migración por guerras, el uso de armas para autodefenderse; hasta poner rejas en puertas y ventanas (autoencierro) como medio de seguridad ante la violencia delincuencial. La huida como mecanismo de defensa, también es un signo de la existencia de persecución y violencia.

Estudios realizados en 2017 la tasa de homicidio intencional a nivel mundial era de 6,1 por cada 100.000 habitantes, según publicación de la Oficina de las Naciones Unidas contra la droga y el delito UNODC en el 2019; un total equivalente en ese año a 464.000 homicidios. La tasa en toda América fue la más alta del 37,4 por cada 100.000 habitantes.

Esta misma fuente expone que en el mundo:

“La actividad delictiva causa muchas más muertes que los conflictos y el terrorismo combinados. Las 464,000 víctimas de homicidio superan con creces a las 89,000 muertes en conflictos armados y a las 26,000 víctimas fatales de violencia terrorista en 2017. El crimen organizado por sí solo puede ser una fuente importante de violencia letal; desde el comienzo del siglo XXI, el crimen organizado ha provocado aproximadamente el mismo número de asesinatos que todos los conflictos armados de todo el mundo combinados. Se estima que un promedio de casi 65,000 asesinatos cada año estuvieron relacionados con el crimen organizado y las pandillas durante el período 2000-2017, y que hasta el 19 por ciento de todos los homicidios registrados a nivel mundial en 2017 estuvieron relacionados con el crimen organizado y las pandillas.” (p.18)

Este mismo estudio revela que en un periodo de 2000 – 2017 arroja 1000.000 de muertes por conflictos armados y 1000.000 protagonizados por el crimen organizado.

Me he preguntado siempre si ¿la violencia y la agresión física, psicológica y social, es necesaria para la supervivencia como especie dentro de este planeta?, ¿el ser humano es violento por naturaleza como opinan algunos autores?

La violencia en el mundo es una espiral que no tiene fin.

 

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jueves, 3 de octubre de 2024

 

EL VÍNCULO AFECTIVO INCOMPLETO

 

El amor no aparece de la noche a la mañana, es una construcción afectiva llena de aprendizajes fruto de la relación entre padres e hijos a lo largo de su historia de relación entre ellos, vínculo que se fortalece día a día durante los años de permanencia como familia. Este vínculo afectivo es fundamental para la supervivencia de la especie. 

El vínculo afectivo aporta confianza, seguridad y fortaleza; hasta ahora en la mayoría de las familias, el vínculo afectivo se ha visto fortalecido por la madre; el padre justificando su falta de tiempo por el trabajo, reuniones de negocio, responsabilidades laborales, actividades con amigos, dedica poco tiempo a establecer una relación de afecto, o simplemente no lo hace.

El hombre generalmente se ha encontrado desde la antigüedad, y se encuentra hasta la presente fecha, ausente de ese vínculo afectivo que proporciona seguridad y protección durante su desarrollo, basado en una creencia de que “la mujer es de la casa y el hombre de la calle”, así se ha mantenido ese estereotipo, herencia cultural del hombre machista y de la mujer machista.

Es admirable la fortaleza y el vínculo que establece el niño(a) con su madre, y que muchas madres solteras ante la irresponsabilidad del padre por la vida de sus hijos, y donde la presencia del padre es escasa o nula; muchas madres, sin recursos suficientes para sobrevivir deben sacarlos adelante.

Es evidente entonces que esta sociedad violenta se ha caracterizado por una ausencia del vínculo afectivo del padre. El vínculo afectivo de ambos padres es el complemento ideal para la salud emocional de los hijos, si hay amor no hay violencia.

Crear un vínculo afectivo es compartir con ellos sus actividades, sus juegos, sus estudios, sus tareas, es interesarse por ellos, es interesarse por su vida; y este vínculo se construye desde antes de nacer, desde la decisión de tener un hijo, de crear una familia.

El vínculo afectivo de ambos padres durante el embarazo, con el ser humano en gestación es de vital importancia; al respecto el Coach Dr. César Roldán, prestigioso Psicólogo Peruano, en su libro “Construyendo Vínculos Afectivos con Nuestros Hijos”, dice:

Cuando le hablamos al bebé en gestación, favorecemos su desarrollo neuronal y emocional. Además, incrementamos de manera importante los vínculos afectivos con él. Esta actividad puede ser muy emocionante, ya que con frecuencia el feto puede reaccionar a una voz en particular con movimientos, calmando sus movimientos y aumentando los vínculos paterno y materno, cuando éstos le hablan al vientre. (p. 4)

Mantener este vínculo afectivo como muestra de amor promueve unas relaciones armoniosas y satisfactorias de aprendizaje de tal manera que cuando ambos padres ya estén de avanzada edad, los hijos también prodiguen el cariño, afecto y atención que ellos necesitan y no se sientan sumidos en la soledad.

El nacimiento de un ser humano, es una nueva vida con derecho a vivir como todo ser humano, su creación gracias al poder de Dios y la naturaleza que le otorga al hombre y a la mujer para que el espermatozoide y óvulo se genere una nueva vida como resultado de una relación sexual; y si el nuevo ser es el resultado de este acto, por lo tanto, el vínculo afectivo solo estará completo con la participación igualitaria de ambos padres: cuidados, preocupación por la vida, satisfacción de sus necesidades, atención cariñosa.

El vínculo afectivo solo con la madre o solo con el padre, es un vínculo incompleto.


 

SUPERIORIDAD: LA DESCALIFICACIÓN DEL SER HUMANO

 

La violencia como producto de nuestra cultura, lo ratifica el “Manifiesto de Sevilla” de 1986: “La violencia es un fenómeno específicamente humano, producto de la cultura”; en otra de sus proposiciones dice “La violencia no se hereda genéticamente, sino que responde a factores contextuales del entorno social y ecológico”.

La violencia del ser humano se encuentra dentro del mismo ser humano, de aquellos cuya conciencia sigue siendo gobernada por sus instintos y sus impulsos incapaces de controlarlos, su raíz es una creencia de superioridad profundamente arraigada y transmitida de generación en generación; aprendizajes de una herencia cultural.

Esta creencia de superioridad gobierna también la conciencia que le impide establecer una diferencia entre lo que es bueno y lo que es malo, o por lo menos busca justificarlo; por lo que lleva al atacante a descalificar al ser humano y a ubicarlo en la categoría de objeto que puede utilizarlo para sus fines. Un amplio espectro de crímenes se encuentra influenciados por esta creencia que desde la antigüedad continúa afectando el desarrollo de una conciencia social.

Si bien es cierto que las muertes violentas en el presente siglo, de acuerdo a estadísticas presentadas por organizamos internacionales, han descendido en el campo de los conflictos armados, en relación al aumento de víctimas que hubo en los siglos XIX y XX en plena era contemporánea; de acuerdo a las noticias e información proporcionada por medios de comunicación, la violencia se ha visto incrementada en el campo de los conflictos familiares, violencia de género y violencia psicológica que no puede ser cuantificable.

Y es que la violencia a partir de la Declaración de los Derechos Humanos y de la Mujer, promulgados por la Organización de las Naciones Unidades, cuyos estados y países luchan a través de las leyes controlar la violencia mediante sanciones y sistemas de privación de libertad para quienes atenten y violen los derechos humanos establecidos; sin embargo, la violencia física y psicológica ha ido cambiando de formas, una violencia que busca descalificar al ser humano.

Toda creencia de superioridad es un conjunto de ideas y pensamientos descalificantes preestablecidos, generalizaciones que en la mayoría de los casos refieren una imagen distorsionada de la realidad; creencia transmitida mediante construcciones mentales, de padres a hijos a través del lenguaje: palabras, gestos, miradas, posturas y acciones; y en la que el niño en su proceso de aprendizaje lo que hace es imitar los comportamientos y el lenguaje de los padres y adultos en general.

El sentimiento de superioridad que genera estos pensamientos, va en contra de la naturaleza igualitaria del ser humano, es descalificante, y nadie quiere sentirse inferior a nadie; la burla, el desprecio, el rechazo, la humillación, la imposición, la intimidación, la discriminación, hacen sentir inferior al ser humano, y cuando esto sucede su reacción es inmediata, es un acto de agresión al ser humano que hiere y lastima su integridad personal. 

Esta creencia de superioridad es la que lleva a expandir territorios, tener acceso a los recursos vitales, controlar los recursos naturales en el mundo sin tomar en cuenta las consecuencias en la vida de los seres humanos, guerras, violencia religiosa, violencia racial, violencia sexual, terrorismo, extorsiones, intimidaciones, burlas, el sarcasmo, el ridículo, humillaciones, acoso; y toda una gama de formas de violentar en la búsqueda por descalificar al ser humano, hasta las formas de violencia digital que hoy existe.

El siglo XXI va mostrando una cara monstruosa de una violencia que no tiene límites para someter al ser humano, es la era de la descalificación humana.


VER CANAL YOU TUBE: https://www.youtube.com/results?search_query=tedy+rivadeneira


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