CUANDO EL AMOR SE CONVIRTIÓ EN MERCANCÍA
El
amor perdió su pureza el día en que fue puesto en venta. Cuando comenzó a
medirse en regalos, en promesas adornadas o en la lógica del intercambio, dejó
de ser don y se convirtió en una transacción.
Las
sociedades modernas, sedientas de placer inmediato y de aprobación, lo
transformaron en un producto: algo que se consume, se usa y se desecha. Así,
confundimos el amor con el deseo, la entrega con la posesión, el encuentro con
la conquista. Y en esa confusión, incluso el acto sexual fue reducido a un simulacro
del amor; como si «hacer el amor» fuera lo mismo que amar, como si en el cuerpo
se hallara la paz que solo brota del alma.
El mercado
aprendió pronto a explotar su misterio. Las palabras que antes eran susurros
del alma ahora llenan los anuncios, las canciones comerciales, los escaparates
digitales donde el amor se vende como experiencia o entretenimiento. En ese
proceso, la emoción fue despojada de su profundidad, reducida a un gesto
repetido, a una imagen que busca aprobación.
El amor, al
convertirse en mercancía, perdió su poder transformador. Ya no invita al
sacrificio ni a la entrega, sino al beneficio y al cálculo. La cultura del
éxito lo ha domesticado: lo ha convertido en un accesorio del bienestar, un
símbolo de estatus emocional. Se ama no por ser, sino por poseer; no para
compartir la vida, sino para llenar el vacío que deja la ausencia de sentido.
Sin
embargo, el amor no se deja encerrar. Aunque el mundo lo adorne con lujos o lo
diluya en la rutina, su esencia permanece intacta. Se
manifiesta en la sonrisa que no se compra, en el gesto anónimo de aquel que
ayuda sin esperar recompensa, en la mirada que se detiene para escuchar con
atención. Allí, en lo invisible, sigue latiendo su verdad.
Por eso, el
amor se ha refugiado en el silencio de
quienes aún lo viven como acto de resistencia. Son los que, sin
proclamarlo, lo practican. En medio del ruido, el amor verdadero sigue siendo
un gesto de subversión: una forma de decirle al mundo que aún hay esperanza, la
esperanza de aprender a amar.
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