EL PODER
CONSTRUCTIVO DEL SER HUMANO
Basado
en la superioridad, el ser humano destruye la naturaleza, tala árboles
indiscriminadamente, destruye ciudades, elimina animales y mata seres humanos.
El poder de los seres humanos es para crear, proteger la naturaleza y velar por
el bienestar de todos los seres que habitamos este planeta y de todo lo que fue
creado por Dios.
Todos
los seres vivos nos diferenciamos unos de otros, pero eso no nos otorga el
poder para ser superiores a ellos. Todos somos parte de la naturaleza y
contribuimos al equilibrio que debe reinar para la estabilidad y la vida de
todo el planeta.
La
pregunta que cabe aquí es: ¿Qué es poder? Según el Diccionario de la Real
Academia de la Lengua Española, en su primera acepción dice: «Tener expedita la
facultad o potencia de hacer algo». Desde esta acepción, todos los seres
humanos estamos dotados de esta facultad, de esta fuerza interna y externa para
hacer cosas para el bienestar propio y de los demás, pero también significaría
el poder para hacer daño.
Creo en
la acepción de la facultad de hacer el bien y en la existencia de cuatro
grandes poderes: el creacional, el amar y servir a los demás, el poder de
construir y el poder de la humildad.
El poder
creacional. Este es uno de los
principales poderes del ser humano, otorgado por Dios para generar una vida
humana a través de la unión del espermatozoide del hombre y el óvulo de la
mujer. Es el poder de generar una nueva vida, el don más preciado que existe en
la naturaleza para todos los seres vivos y, por ende, para el ser humano. Por
eso, debe haber amor, aprecio y respeto a la vida.
El poder
de amar y servir a los demás. Este
poder se manifiesta en la decisión de ser padres, en formar una familia, en
amar y servir en los diferentes campos ocupacionales, en el ejercicio del liderazgo,
y en la dirección de grupos y sociedades, desde la dirección de una empresa
hasta la dirección de un estado o país.
El poder
de construir. El ser humano está
dotado de la fuerza y capacidad para construir o edificar su propia vida, para
crear una vida exitosa para todos, para establecer vínculos armoniosos,
afectuosos, sólidos y significativos con todos los seres humanos, donde prime
la amabilidad y el buen trato. También para promover y ser partícipes en la
construcción de sociedades más justas y equitativas. Todos estamos capacitados
para construir un mundo mejor.
El poder
de la humildad. El ser humano tiene
el poder de reconocer sus propios errores y aciertos, sus limitaciones,
fortalezas y debilidades; debe mantener una actitud abierta y respetuosa hacia
los demás, sin sobrevalorarse ni menospreciarse. El poder de la humildad busca
promover el respeto y la empatía, reconociendo el valor intrínseco que posee
cada uno de los seres humanos, sin imponer nuestra voluntad.
Reconocer,
apreciar y valorar las contribuciones de todos es esencial, sabiendo que todos
somos iguales como seres humanos, que nadie es superior ni inferior a otro; que
la vida es un eterno aprendizaje, por lo que debemos estar dispuestos a
aprender siempre de los demás, así como de nuestras propias experiencias y
errores.
Con la
bendición de Dios todopoderoso, hombre y mujer somos constructores de la vida
humana; y si la construimos no debemos el derecho de destruirla.
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