HACIA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA
SOCIEDAD MÁS HUMANA
El ser humano es uno solo, así como el planeta que habitamos. Más
allá de nuestras diferencias físicas, culturales o de origen, compartimos la
misma esencia: nacemos, sentimos, pensamos, sufrimos y nos alegramos. Somos una
sola especie con múltiples matices, pero iguales en dignidad.
Todos buscamos sobrevivir y convivir en este mundo, y nadie es superior a otro en ningún aspecto. La idea de superioridad es una construcción social que no existe ni física, ni psicológica, ni intelectual ni socialmente.
Durante la infancia, los niños no distinguen raza, religión o
género; solo buscan relacionarse y jugar. Son los adultos quienes transmiten
creencias, normas y estereotipos que el niño aprende como “lo normal”. Así se
perpetúan prejuicios y desigualdades.
El desarrollo de una sociedad se basa en la paz y la seguridad. La
violencia es el resultado de heridas no sanadas y de estereotipos de
superioridad transmitidos de generación en generación, que fomentan la
discriminación y el abuso de poder.
Una paz duradera se logra cuando se respetan los derechos humanos,
se toma conciencia del daño causado a otros, se educa desde la coherencia y se
aprenden formas no violentas de resolver conflictos. Esto requiere desaprender
estereotipos y avanzar hacia una conciencia social de igualdad, basada en el
amor, los valores humanos y una educación que promueva una verdadera cultura de
paz.
El
desarrollo de toda sociedad se fundamenta en la paz y seguridad; la muerte violenta no es nada más que
el corolario de una cadena de sucesos de venganza como producto de heridas
abiertas que cicatrizan, pero nunca se cierran mediados por una serie de
estereotipos de superioridad que culturalmente son transmitidos de padres a
hijos, donde cada quien cree sentirse más superior al otro, que cree que tiene
el poder de lastimar, discriminar, humillar, intimidar, dominar y hasta de
arrebatarle la vida.
Una
paz duradera puede lograrse:
1. Cuando todos los derechos humanos se
cumplan.
2. Cuando el ser humano tenga un alto
grado de conciencia del daño, dolor y sufrimiento que causa a otros seres
humanos.
3. Cuando la educación a través de la
familia, padres, instituciones educativas, organizaciones, empresas públicas y
privadas, logre desterrar estereotipos de superioridad; que tanto padres y
maestros sean congruentes entre lo que dicen y lo que hacen.
4. Cuando el ser humano decida resolver
sus conflictos internos y controlar sus impulsos que lo inducen a ser una
persona violenta.
Esto
implica un proceso gradual que involucre el desaprender los estereotipos de
superioridad, que conlleven la evolución de una conciencia de superioridad a
una conciencia social de igualdad entre los seres humanos, construir una
sociedad basada en el amor y en los valores humanos; proceso que no sería
factible sin una educación que transmita bases sólidas de una nueva cultura de
paz, valores humanos y estereotipos de igualdad.
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