SI LO DISTINTO ES
DIFERENTE, LO DISTINTO ES EXTRAÑO, LO DISTINTO CAUSA TEMOR… ¿POR QUÉ, ENTONCES,
QUIERO SER DIFERENTE DEL OTRO?
Es probable que usted también se haya preguntado lo mismo.
Desde la infancia aprendemos que lo distinto incomoda. Lo que no
se parece a nosotros, lo que no encaja en las normas, lo que rompe la
costumbre, suele llamarse “raro”, “extraño” o incluso “peligroso”. La
diferencia ha sido históricamente asociada al error, a la amenaza o al
desorden. Por eso, ante lo distinto, el ser humano suele reaccionar con
desconfianza, miedo o rechazo. Sin embargo, paradójicamente, muchos anhelan ser
distintos, únicos, irrepetibles. Esta aparente contradicción revela una tensión
profunda en la condición humana.
Queremos ser diferentes porque, en el fondo, deseamos existir de manera auténtica. Ser distinto no es únicamente separarse del otro, sino afirmarse como sujeto, reconocerse como alguien con una voz propia, con una historia singular, con una manera única de sentir, pensar y amar. El deseo de ser diferente nace del impulso vital de no desaparecer en la multitud, de no diluirse en lo homogéneo, de no vivir una vida prestada o dictada por otros.
Sin embargo, el temor a lo distinto no desaparece; se desplaza.
Tememos la diferencia del otro porque nos confronta, porque nos obliga a
cuestionar nuestras certezas, creencias y privilegios. Y al mismo tiempo
tememos nuestra propia diferencia, porque ser auténticos tiene un costo: el
riesgo del rechazo, la soledad, la incomprensión. Así, el ser humano vive
atrapado entre dos miedos: el miedo al otro diferente y el miedo a ser
diferente ante los demás.
En muchas sociedades, “ser diferente” ha sido convertido en una
competencia y no en una expresión de humanidad. Se promueve una falsa
diferencia basada en la superioridad, el poder, el éxito o la imagen. No se
trata de aceptar la diversidad, sino de sobresalir, dominar o imponerse. Esta
lógica pervierte el sentido de la diferencia y la transforma en desigualdad.
Entonces, ya no quiero ser diferente para ser yo mismo, sino para valer más que
el otro.
La verdadera diferencia, en cambio, no nace de la comparación ni
de la rivalidad, sino del reconocimiento mutuo. Ser diferente no debería
significar ser extraño, ni causar temor, sino enriquecer la experiencia humana.
Cada ser humano es distinto no para separarse, sino para aportar al tejido
común de la vida. La diversidad no amenaza la convivencia; lo que la amenaza es
la incapacidad de amar y comprender lo que no se parece a nosotros.
Querer ser diferente, en su sentido más profundo, es un acto de
fidelidad a uno mismo. Pero esta diferencia solo es humana cuando reconoce la
dignidad del otro, cuando no necesita negar, excluir o violentar para
afirmarse. Solo cuando dejamos de temer la diferencia —propia y ajena— podemos
comprender que lo distinto no es enemigo, sino espejo: en el otro diferente
también habita una parte de nuestra propia humanidad.
En el próximo artículo continuaremos analizando este tema tan
contradictorio para muchos, pero esencial para definir lo que realmente somos.
¿Dónde radica entonces la igualdad como ser humano?
Ingrese aquí para adquirir mis publicaciones en Amazon:
https://www.amazon.com/author/tedy1954.rivadeneira_trs

No hay comentarios.:
Publicar un comentario