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jueves, 2 de abril de 2026

 

¿LA VIOLENCIA ES NORMAL?

 

Desde la infancia me acompañó una pregunta inquietante: ¿es normal la violencia? A lo mejor usted siempre se ha preguntado lo mismo.

A lo largo de la vida he escuchado con frecuencia afirmaciones que buscan justificarla o naturalizarla: «siempre ha existido y siempre existirá», «la violencia es parte de la vida», «el ser humano no sabe amar sin violencia». Estas ideas, repetidas una y otra vez, terminan por construir una narrativa peligrosa que presenta la violencia como un destino inevitable, casi como una condición natural de la existencia humana.

Bajo esta lógica se justifican prácticas que se reproducen especialmente en la educación y la crianza. Se dice, por ejemplo, que hay que educar con violencia porque el mundo es violento, o que hay que educar con castigo para que el niño aprenda que en la vida adulta también hay castigo. Estas creencias parten de la idea de que el sufrimiento es una herramienta necesaria para formar el carácter, cuando en realidad muchas veces lo que producen es miedo, resentimiento y heridas emocionales profundas.

Existe incluso una frase muy difundida que intenta equilibrar la relación educativa: «en una mano está el amor y en la otra el rigor». Sin embargo, en muchas ocasiones ese rigor se traduce en castigo, sanciones o prácticas que buscan someter la conducta del niño a reglas impuestas mediante la intimidación. Se cree que así se corrige y se forma, pero rara vez se reflexiona sobre las consecuencias de ese aprendizaje basado en la violencia.

La violencia tiene una particularidad silenciosa: puede destruir en un instante todo lo que el amor ha construido durante mucho tiempo. Cuando una persona aprende a obedecer por miedo, lo que se forma no es comprensión ni responsabilidad, sino sumisión o rebeldía. El aprendizaje basado en el castigo deja huellas: inseguridad, dificultad para confiar, miedo a equivocarse o la tendencia a reproducir la misma violencia con otros.

Por ello, vale la pena preguntarse:

Si educas con violencia, ¿qué aprende el niño? Aprende que el poder se impone por la fuerza, que quien tiene autoridad puede dañar para corregir y que el miedo es una forma válida de control.


Si educas con amor, ¿qué aprende el niño?
Aprende respeto, empatía, responsabilidad y la capacidad de resolver conflictos sin recurrir al daño.

Las expresiones populares también reflejan esta normalización de la violencia. Frases como «aunque marido pegue, aunque marido mate, marido es» revelan con crudeza cómo el daño ha sido históricamente tolerado dentro de las relaciones afectivas y familiares. Bajo estas creencias se oculta una profunda distorsión del amor, donde el control, el sometimiento y el sufrimiento se confunden con compromiso o autoridad.

Esta normalización no surge de manera espontánea; es el resultado de un proceso de aprendizaje social transmitido de generación en generación. Desde temprana edad, niños y niñas observan y absorben modelos de relación en los que la violencia aparece como un recurso válido para resolver conflictos, ejercer poder o mantener el orden. Así, lo que debería provocar rechazo e indignación termina convirtiéndose en algo cotidiano, silencioso y muchas veces invisible.

Cuestionar si la violencia es “normal” implica, en realidad, cuestionar los cimientos culturales, educativos y emocionales sobre los que se han construido muchas de nuestras relaciones humanas. No se trata de negar que la violencia haya existido a lo largo de la historia, sino de rechazar su legitimación. La violencia no es una expresión inevitable del amor ni una condición necesaria de la vida; es una práctica aprendida que puede —y debe— transformarse cuando el ser humano reconoce la dignidad del otro como un valor fundamental.

Comprender esto nos invita a replantear la forma en que educamos, convivimos y ejercemos la autoridad. Porque la verdadera educación no se construye desde el miedo, sino desde el respeto, y ninguna sociedad puede aspirar a la paz si continúa enseñando la violencia como una forma aceptable de relacionarse con los demás.

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