LA TENDENCIA DEL SER HUMANO A VER LO NEGATIVO QUE HACE EL OTRO
El ser
humano posee una extraña y persistente inclinación a observar con mayor
atención los errores, defectos y fallas del otro, mientras minimiza —o
justifica— los propios. Esta tendencia, profundamente arraigada en la psique
individual y colectiva, no es un fenómeno superficial: atraviesa la vida
cotidiana, las relaciones afectivas, las organizaciones, la política y las
estructuras sociales. Mirar lo negativo en el otro se convierte, muchas veces,
en una forma de defensa, de control o de reafirmación identitaria.
Esta
tendencia a mirar lo negativo se reproduce también en lo social y lo político. El ser humano tiende a fijar su atención en lo
negativo más que en lo positivo, y los gobiernos no escapan a esta lógica: con
frecuencia subrayan los errores de quienes les precedieron y, en algunos casos,
buscan borrar incluso los logros y aportes valiosos del pasado.
En el plano relacional, esta tendencia erosiona el vínculo. Cuando la mirada se centra exclusivamente en lo negativo, el diálogo se convierte en acusación, la crítica reemplaza a la comprensión y la relación se torna un espacio de poder más que de encuentro. Parejas, familias y comunidades terminan atrapadas en dinámicas de reproche constante, donde nadie se siente realmente visto, escuchado o validado. El otro deja de ser un semejante para convertirse en un adversario moral.
Desde una
perspectiva psicológica, esta inclinación puede comprenderse como un mecanismo
de autoprotección del yo. Reconocer las propias sombras implica un trabajo
interno doloroso, que confronta la imagen idealizada que cada persona construye
de sí misma. Resulta más sencillo desplazar aquello que incomoda hacia el
exterior, proyectando en el otro lo que no se tolera en uno mismo. De este
modo, el error ajeno se convierte en un espejo evitado: se observa con dureza
precisamente porque revela aquello que no se quiere mirar.
Desde una
dimensión ética y social, la insistencia en lo negativo del otro cumple además
una función de superioridad moral. Juzgar al otro permite sentirse
momentáneamente mejor, más correcto, más “normal”. Así se construyen discursos
de exclusión, estigmatización y deshumanización: el pobre, el migrante, el
diferente, el disidente o el vulnerable son definidos por aquello que “hacen
mal”, negando su dignidad y su historia. La violencia simbólica nace, muchas
veces, de esta mirada parcial y deshumanizante.
No
obstante, esta tendencia no es inevitable ni inmodificable. El ser humano
también posee la capacidad de conciencia reflexiva, empatía y
autocrítica. Desplazar la mirada del juicio hacia la comprensión no significa
justificar el daño, sino reconocer que todo comportamiento humano está
atravesado por historias, heridas, miedos y condicionamientos. Mirar al otro
con profundidad implica asumir que nadie es solo su error, así como uno mismo
no lo es.
Transformar
esta tendencia exige un trabajo interior y colectivo: aprender a reconocer las
propias sombras, desarrollar una ética del cuidado y promover espacios de
diálogo donde el error sea comprendido como posibilidad de aprendizaje y no
como condena. Solo cuando el ser humano deja de mirar al otro como un enemigo
moral y comienza a reconocerse en su fragilidad compartida, se abre la
posibilidad de relaciones más humanas, justas y conscientes.
En definitiva, ver lo negativo que hace el otro dice menos del otro y más de la forma en que cada sociedad enseña a mirar, juzgar y relacionarse. Cambiar la mirada no es un gesto ingenuo: es un acto profundamente transformador, capaz de romper ciclos de violencia silenciosa y de devolverle al ser humano su condición más esencial: la de ser un otro digno de comprensión.
Ingrese aquí para ver mis publicaciones en Amazon:
https://www.amazon.com/author/tedy1954.rivadeneira_trs

No hay comentarios.:
Publicar un comentario