SUPERIORIDAD: LA DESCALIFICACIÓN DEL SER HUMANO
La violencia como producto de
nuestra cultura, lo ratifica el “Manifiesto de Sevilla” de 1986: “La violencia
es un fenómeno específicamente humano, producto de la cultura”; en otra de sus proposiciones
dice “La violencia no se hereda genéticamente, sino que responde a factores
contextuales del entorno social y ecológico”.
La violencia del ser humano se
encuentra dentro del mismo ser humano, de aquellos cuya conciencia sigue siendo
gobernada por sus instintos y sus impulsos incapaces de controlarlos, su raíz
es una creencia de superioridad profundamente arraigada y transmitida de
generación en generación; aprendizajes de una herencia cultural.
Esta creencia de superioridad
gobierna también la conciencia que le impide establecer una diferencia entre lo
que es bueno y lo que es malo, o por lo menos busca justificarlo; por lo que
lleva al atacante a descalificar al ser humano y a ubicarlo en la categoría de
objeto que puede utilizarlo para sus fines. Un amplio espectro de crímenes se
encuentra influenciados por esta creencia que desde la antigüedad continúa
afectando el desarrollo de una conciencia social.
Si bien es cierto que las muertes violentas en el
presente siglo, de acuerdo a estadísticas presentadas por organizamos
internacionales, han descendido en el campo de los conflictos armados, en
relación al aumento de víctimas que hubo en los siglos XIX y XX en plena era
contemporánea; de acuerdo a las noticias e información proporcionada por medios
de comunicación, la violencia se ha visto incrementada en el campo de los
conflictos familiares, violencia de género y violencia psicológica que no puede
ser cuantificable.
Y es que la violencia a partir de la Declaración
de los Derechos Humanos y de la Mujer, promulgados por la Organización de las
Naciones Unidades, cuyos estados y países luchan a través de las leyes
controlar la violencia mediante sanciones y sistemas de privación de libertad
para quienes atenten y violen los derechos humanos establecidos; sin embargo,
la violencia física y psicológica ha ido cambiando de formas, una violencia que
busca descalificar al ser humano.
Toda creencia de superioridad es un conjunto de
ideas y pensamientos descalificantes preestablecidos, generalizaciones que en
la mayoría de los casos refieren una imagen distorsionada de la realidad;
creencia transmitida mediante construcciones mentales, de padres a hijos a
través del lenguaje: palabras, gestos, miradas, posturas y acciones; y en la
que el niño en su proceso de aprendizaje lo que hace es imitar los
comportamientos y el lenguaje de los padres y adultos en general.
El sentimiento de
superioridad que genera estos pensamientos, va en contra de la naturaleza
igualitaria del ser humano, es descalificante, y nadie quiere sentirse inferior
a nadie; la burla, el desprecio, el rechazo, la humillación, la imposición, la
intimidación, la discriminación, hacen sentir inferior al ser humano, y cuando
esto sucede su reacción es inmediata, es un acto de agresión al ser humano que
hiere y lastima su integridad personal.
Esta creencia de superioridad es la que lleva a
expandir territorios, tener acceso a los recursos vitales, controlar los
recursos naturales en el mundo sin tomar en cuenta las consecuencias en la vida
de los seres humanos, guerras, violencia religiosa, violencia racial, violencia
sexual, terrorismo, extorsiones, intimidaciones, burlas, el sarcasmo, el
ridículo, humillaciones, acoso; y toda una gama de formas de violentar en la
búsqueda por descalificar al ser humano, hasta las formas de violencia digital que
hoy existe.
El siglo XXI va mostrando una cara monstruosa de
una violencia que no tiene límites para someter al ser humano, es la era de la
descalificación humana.
VER CANAL YOU TUBE: https://www.youtube.com/results?search_query=tedy+rivadeneira
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